
SABADO (Sin fecha)
!Revienta el arco!
Intenté jalar el balón por la izquierda y se me travó entre las fisuras de la cancha verde. El arquero con una digna proeza de karateka me quitó la pelota, dejándome tirado en el espesor del pasto mojado que empapó mi polo. Había perdido la oportunidad de convertirme en el mesías de aquella pichanga matutina. Sobraban cinco minutos de partido y yo andaba con esos minutos sobre la espalda cargada de culpa e inseguridad incontrolada. La pelota me volvió a caer con un rebote jodido. No la pude parar de pecho, pero sí con la mano. El fútbol me estaba humillando. Decidí bajar a apoyar a la defensa y -de paso- con un carrera y creatividad notable tratar de embelecer a la pobre hinchada con un gol de contragolpe y una "pinturita" sin parangón. La oportunidad estaba dada, el balón había rebotado en la cara de un maciso futbolista enemigo hacia mis pies. Entonces, descubrí que aquello no era un simple partido de fútbol, aquello era una guerra. Conduje el balón y pasé al único defensa del equipo contrario como si andara por las calles de Irak con un panzer de la época nazi. Todo parecía indicar que ese día ibamos a izar la bandera de la victoria, hasta que el arquero - otra vez- con destrezas de superhéroe y con probables ancestros japoneses me sacó el balón en una acción dudosa que me hizo revolcar diez o quizás viente veces en el pasto. Los ánimos estaban enardecidos. El balón había rodado hacia adelante y el arquero estaba tirado sin opotunidad de salvar su pórtico. Mi rodilla- grandiosa kamikase- me sirvió de impulso para un rápido estirón que me permitió recuperar el balón y revertir mi oportunidad perdida. Tenía que saldar cuentas con el arco.
!Revienta el arco!
Diez de la mañana, en circunstancias que nadie había podido explicar, un estólido de polo rojo había sido atacado por un grupo de pillos armados con pelotas y vituperios. La situación del susodicho es de pronóstico reservado y según las declaraciones prestadas al parte policial, ha afirmado que está pensando seriamente retirarse del fútbol. Todo estamos felices...
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