sábado, 24 de julio de 2010

LA HOGUERA DE LA PALABRA QUEMADA


Me levanté del corroido asiento del wolkswagen azul que mi viejo me había regalado en la graduación de lingüistas. Encendí el motor- con la sensación de tener los cesos dilatados- y salí de la cochera. El perucho extendió la mano y me miró de soslayo, como acusándome de ser un alcohólico. Bueno, al menos yo lo sentí así. El perucho iba en un BMW que le había sacado a una señora canosa que murió hace no mucho en circunstancias que nunca entendí bien, pero yo creo que eso es una trampa. Perucho maldito, gigolo moralista, asesino "caleta", huevón con plata, !bah! ya quisiera yo cogerme tías y que me pagaran. Eso es vida. Ahora comprendo a mi profesor de filosfía - digno dipsómano- cuando me decía, "!Huevón tú tienes futuro, qué pena me das!", el futuro en este país es una maldición, el futuro te jode, el futuro es una fisura del pasado. Vaya viejo sabio, !Qué gran descubrimiento!, todos tenemos futuro, pero quízás nadie sepa que el futuro es sólo futuro, no es dinero, no es riqueza, no es mejor persona, es- quizás- nada. Sería mentira pensar que nunca me he aferrado a la esperanza, e indudablemente el futuro es una esperanza. El mismo Borges lo sabe, todos los escritores tenemos la habilidad intrínseca de ser unos mentirosos, asi que si hay algo a lo que me aferro- aparte de mi vetusto wolkswagen azul- es a la vida, aunque sea una mierda, aunque sea etérea, aunque sea una esperanza, aunque sea futuro.

No sé qué trago bebí ayer, ni sé a cuantas mujeres besé y quizás hasta pude haber besado al maricón de Brian que me miraba lujuriosamente. Estaba borracho- como siempre- y nadie creía que yo fuera escritor. Cuando uno está borracho, duele mucho aceptar que los otros te vean como basura, como un amigo de las baldosas frías, de verás duele. Pero cuando uno está sobrio, duele más, y el desfogue viene por sí sólo. Ayer, cuando "libaba" licor en compañia de la chica de rojo usaba como recurso el "padrenuestro" de la actual poesía romántica, Neruda ya está muy gastado,"Táctica y estrategia" del maestro Benedetti me convertía en un plagero sin escrúpulos. Ponía el pecho horondo y fumaba los pocos cigarros que tenía en la casaca, ella me miraba, me acariciaba la cara, me besaba y me quedaba dormido. Cuando despertaba, ella "perreaba" en la esquina del recinto con un músculuso "potón" que movía el cuerpo como un maniquí que acaba de cobrar vida. Y me dolía, ser escritor también era un futuro; es decir, una vida. No era nada pero tenía un aire de exquisites irreprochable. La gente no cree que yo pueda sentarme a escribir, yo tampoco lo creía, ahora lo hago como cuando el perucho se va al gym, es una rutina. Jahir si me cree, me dice, "Sentarse a escribir es fácil", y yo lo sé, escribir historia - por que la literatura es historia- no es lo mismo que escribir un correo por Internet. En cambio, cuando estoy sobrio, la gente cree que soy un cortazariano, un benedettiano o hasta un "Vargitas" en proceso. Es irónico, por que cuando estoy con licor me creo Benedetti, pero cuando estoy lejos de él, a veces, ni creo que existo. Soy huraño cuando debería ser hablador y soy parlanchín cuando debería ser de perfil bajo. Soy escritor cuando debería ser humano, y soy humano cuando debería ser escritor. Cosa muy distinta, por cierto. Ahora ensayo- quizás no sea la palabra indicada- para ser literario, no en el sentido estricto de la palabra, por que nunca me han gustado los extremos, pero terriblemente siempre termino siendo un extremista del carajo. Humano o escritor, eso no importa, lo que ahora importa es que no tengo dinero (mis noveluchas son basura) No sé hacer otra cosa que no sea esas dos características mundanas, los hibridos me parecen geniales, así que usurparé el oficio más viejo del mundo- así dicen.

Las matemáticas no son mi campo, los números son geniales, pero no son mi campo, las operaciones matemáticas, los logaritmos son universos tan misteriosos como la literatura, pero repito, no son mi campo. Intentaré hacer algo tan simple en la pizarra de partituras que usaba mi viejo para enseñar a tocar violonchelo. Mi viejo sí era un artista, esta quinta lujosa de estilo barroco que antes era una casona vieja, fue una obra de arte que hizo mi viejo y que cuando se enfermó tuvimos que venderlo a una empresa charrúa que nos dio la mejor casa y nos indemnisó para que él pudiera sanarse. Dime si aquello no era futuro, la esperanza de recitar una décima al costado de mi viejo, meintras el tocaba alguna pieza de Vivaldi en el anfiteatro de Madrir se fue al carajo. Él murió, se jodió la vida por fumar y beber tanto como yo. Me dejó la casa, era su único hijo reconocido y que para colmo intentaba ser artista de las letras, también me dejó el "sapito" azul y el sueldo que le paga el estado. Lo suficiente para vivir- dijeron mis tías- y ahora pienso que eso es mentira, "lo suficiente para morir" digo ahora, cuatro mil soles para comprar trago y nicotina, vaya que eso es vida, perdón, muerte.

Pensé que ser gigolo estaba bien, humano y escritor podían dar ese resultado dentro de la infinidad de resultados que podían suponerse. Salí a la calle y pensé que con ese carrito no podría lamar la atención a ninguna tía. Regresé a casa para pedirle por teléfono el Toyota deportivo a mi tía Ingrid. Me dijo que estaba ocupada y que esperará diez minutos para que me devuelva la llamada. Me senté en el sofa y aproveché para beber un jugo de naranja. Encendí el televisor y escuché al narizón de siempre narrar las noticias en la tele. Estaba acostumbrado a escuchar de muertes absurdas,de violaciones extrañas y de fascinerosos vestidos de superhéroes. El narizón de la tela estaba preocupado, entre trivulaciones y leves tartamudeos decía que ayer en la noche habían muerto 300 escritores en circunstancias extrañas y que el día de hoy se venían reportando muertes sucedanias. La conductora del costado creyo que el narizón estaba loco y cambió el panorama de las noticias. Recibió la llamada de una vecina miraflorina para dar su opinión sobre el reporte del tráfico, la conductora intentó hacer unos apuntes en un papel, y la noticia, por fin, se convirtió en una verdad sin exageración, la conductora cayó muerta al costado. La señal se fue. Enseguida pensé que ayer había fumado mucho y quizás hasta un porro de marihuana. No estaba disvariando, no eran devaneos, corrí al banco de la esquina y vi un alboroto de gente corriendo despavorida. Los banqueros que hacían apuntes a mano, estaban muriendo.

La solución estaba, otra vez, en la tecnología, la ciencia le había ganado a lo arcaico, ya me lo esperaba. Escirbir a mano era estar condenado a morir, la era de las máquinas había empezado. Y ser gigolo era la profesión más digna del universo. Si de algo estaba seguro era que a mi colgajo, a mi turgente miembro viril, ninguna máquina lo iba remplazar. Al menos eso creía, hasta que desperté y unas luces psicodélicas titilaban en la discoteca, ella "perreaba" en la esquina del recinto con un músculuso "potón" que movía el cuerpo como un maniquí que acaba de cobrar vida. Y me dolía, ser escritor también era un futuro; es decir, una vida. No era nada pero tenía un aire de exquisites irreprochable. Era un sueño, como Quevedo, como Cervantes, como Aligheri, como Cortazar, como Benedetti, como Gabo, e irónicamente...como yo.

sábado, 10 de julio de 2010

LOS FUTBOLISTAS FELICES MUEREN A LAS DIEZ


SABADO (Sin fecha)

!Revienta el arco!

Intenté jalar el balón por la izquierda y se me travó entre las fisuras de la cancha verde. El arquero con una digna proeza de karateka me quitó la pelota, dejándome tirado en el espesor del pasto mojado que empapó mi polo. Había perdido la oportunidad de convertirme en el mesías de aquella pichanga matutina. Sobraban cinco minutos de partido y yo andaba con esos minutos sobre la espalda cargada de culpa e inseguridad incontrolada. La pelota me volvió a caer con un rebote jodido. No la pude parar de pecho, pero sí con la mano. El fútbol me estaba humillando. Decidí bajar a apoyar a la defensa y -de paso- con un carrera y creatividad notable tratar de embelecer a la pobre hinchada con un gol de contragolpe y una "pinturita" sin parangón. La oportunidad estaba dada, el balón había rebotado en la cara de un maciso futbolista enemigo hacia mis pies. Entonces, descubrí que aquello no era un simple partido de fútbol, aquello era una guerra. Conduje el balón y pasé al único defensa del equipo contrario como si andara por las calles de Irak con un panzer de la época nazi. Todo parecía indicar que ese día ibamos a izar la bandera de la victoria, hasta que el arquero - otra vez- con destrezas de superhéroe y con probables ancestros japoneses me sacó el balón en una acción dudosa que me hizo revolcar diez o quizás viente veces en el pasto. Los ánimos estaban enardecidos. El balón había rodado hacia adelante y el arquero estaba tirado sin opotunidad de salvar su pórtico. Mi rodilla- grandiosa kamikase- me sirvió de impulso para un rápido estirón que me permitió recuperar el balón y revertir mi oportunidad perdida. Tenía que saldar cuentas con el arco.

!Revienta el arco!

Diez de la mañana, en circunstancias que nadie había podido explicar, un estólido de polo rojo había sido atacado por un grupo de pillos armados con pelotas y vituperios. La situación del susodicho es de pronóstico reservado y según las declaraciones prestadas al parte policial, ha afirmado que está pensando seriamente retirarse del fútbol. Todo estamos felices...

viernes, 7 de mayo de 2010

YO NO SOY YO, EVIDENTEMENTE

El canino cambia
el incisivo muerde
el diente izquierdo muere
y las muelas resucitan
Yo, no soy yo, evidentemente...

lunes, 3 de mayo de 2010

CALCULOS DE RENTABILIDAD SOBRE EL VANO OFICIO (I)




Acababa de comer un platillo insignificante en la esquina de la universidad. El señor con boina gris que se parecía el Che Guevara me acababa de traer la cuenta. Saqué mi billetera vieja y extraje de su senil cuerpo un trozo de papel. Luego desenvainé el lapicero del bolsillo y grafiqué en el papel blando un artilugio contra la mala jornada. Lapoesianuestradecadadía. Junté mis manos con un ritmo parecido al de la sítole y diástole, mientras el señor de la boina me miraba desde lejos con el humo de la falange de nicotina hirbiendo en el aire. Bajo el umbral de la vereda de mis pensamientos cruzó raudamente un ciego canoso y con dejo gaucho. Cuando acababa de salir del telón pude reconocer su bastón y la sabiduría que se encerraba en ella, como una vieja temporada en el purgatorio. Detrás suyo venía la R transformada en G montada en un cronopio que seguía la continuidad de los parques. El sueño de todo literato. Pero cuando me creía perdido en medio de su fauna de letras y sin un centavo de poemas en el alma con el cual pagar extendió sus manos el buen Benedetti y sus utopías para abrazarme junto al viento.


El señor de la boina me interrumpió del devaneo onírico. Le dije que no tenía modo alguno de pagar. Lapoesianuestradecadadía no soltaba la tinta exacta para la antología. Ofrecí que como forma de pago podía lavar un par de poemas sucios del lavadero. El de la boina me miro y se fue a conversar con un flaco de sastre negro que estaba en la barra y miraba al horizonte. El horizonte tenía nombre de Ágape. Después de un preludio casi inexplicable entré a la cocina y me puse un mandil para freir una docena de palabras.

Salí cansado, no era bueno para el oficio. Me despedí del flaco y del señor de la Boina. Me entregaron un par de monedas versificadas para el camino. Salí del local y mientras caminaba a unas clases aburridas de matemática, Neruda y Vallejo conversaban -con un tabaco entre los dedos- lo triste que era ser poeta en esta vida...!

sábado, 24 de abril de 2010

SER POETA ESTÁ DE MODA





SER POETA ESTÁ DE MODA (Fragmento I)

Nunca confíes en un poeta que dice la verdad...
!Es capas de decirlo todo!


LAS DEIDADES QUE PERDÍ

Nunca acabé de recordar
cómo empezó a deformarse mi visión
sobre las percepciones universales
de las cosas.

Es cierto,
las manos de mujer
dejaron de ser una fuga
para convertirse en cualidades
erróneas de cualquier ente femenino,
los ósculos perdieron esencia matutina
y mutaron a una condena desatrozamente perpetua,
la voz aguda de las pinceladas vivificantes
despadazaron su initrínseca cualidad
y aperturaron un sonido de acuarelas
con fines contranostalgicos.

A pesar de ello,
hubo algo que sí pude recordar,
el inicio tuvo nombre de final
y el final nombre de obsolencia.

sábado, 10 de abril de 2010

UN AÑO EN CINCO MINUTOS


Que vendrá después de la soledad?
-Mario Benedetti-


La mano derecha de Sebastián Pietro cogía una pistola, mientras que la otra tamborileaba sus muslos suavemente. Los ronquidos de su esposa combinado con los latidos frenéticos de su corazón le proporcionaban a sus sentidos un sonido impertinente. Levantó el arma y apuntó hacia su mujer. Los escepticismos se habían esfumado de sus entrañas como fantasmas de medianoche y pudo ser testigo de cómo los nervios y sus perversos matices se le poseían en el cuerpo. Un fuerte estremecimiento originado desde la espina dorsal hasta las falanges de sus dedos lo debilitó, pero la pistola siguió firme en su posición. Permaneció estático en la alcoba y para darse fuerzas comenzó a recordar todo.



Amaya Vasco apareció en la vida de Sebastián durante la presentación de un libro y por azares del destino se encontraban siempre en el mismo metro. Se hicieron muy amigos. A las pocas semanas el alcohol y los sentimientos los llevaron a hacer el amor (o el sexo) en el baño del departamento de un amigo. Se convirtieron en amantes furtivos por un tiempo y luego pasaron de ser compañeros ocasionales del placer a novios que lucían sus anillos ante todas sus amistades. Se casaron prontamente y viajaron a París. Al regresar, Amaya dejó los estudios para dedicarse a la remodelación de la casa. Sebastián siguió trabajando como editor en un periódico importante. Las cosas iban bien hasta que su esposa naufragó en una depresión profunda por la muerte de su madre, no quería comer, le tenía pavor a la calle y a relacionarse con la gente. Acudieron varios psicólogos y psiquiatras sin ningún resultado positivo. Sebastián no podía hacer nada y decidió enviarla con su padre a España por un tiempo. Cuando fue a tramitar los papeles para que su mujer pudiera viajar, el encargado le dije que eso era imposible y lo miró con cara de extrañeza, como creyéndolo loco. Sebastián fue a quejarse y le dijeron que su esposa había muerto hace un par de semanas. Eso era imposible, dos horas habían pasado desde que la había visto en el cuarto con la misma actitud huraña. Se asustó y corrió a casa. Ella seguía ahí, llorando, con el cuerpo y el alma en otra dimensión. Era imposible que estuviera muerta aunque su vida careciera de sustancia y definición. Sebastián se le acercó para acariciarle el pelo y ella ni se inmutó. La mente de él giraba como una noria y las posibilidades de que la noticia, que no tenía ni pies ni cabeza, fuera una realidad, lo ponía intransigente. Le vino algo a la mente y se paró para ir al ordenador que estaba en el hall de la casa. Comenzó una ardua búsqueda por todos los nombres de los ciudadanos del país. No encontró nada de lo que buscaba y sintió una punzada en la sien. Dedicó horas de su tiempo a investigar sobre la existencia de un posible homónimo de su esposa. El estado le dio los mismos resultados: Sólo había una Amaya Vasco López. Sebastián comenzaba a desesperase y solicitó un certificado de defunción para enterarse la instancias en las que había muerto supuestamente su esposa. La necropsia indicaba que una sobredosis de ansiolíticos había bloqueado el funcionamiento del corazón. Después de cavilar un momento en el cuarto vacío de la casa decidió decírselo a Amaya, aunque ella no lo escuchara. Había logrado liberarse de un pequeño pedazo de la inmensa opresión, pero ya no podía más con esa compleja vida que estaba llevando estos últimos días y sabía que la solución no era otra que mandar a su esposa a España. Llamó a unos cuantos amigos para que corroboraran que Amaya existía y que él no era víctima de una enfermedad esquizofrénica. Ellos la vieron tan viva y tan muerta que solo atinaron a preguntar qué le pasaba. Esa pregunta fue un alivio para Sebastián que luego de que se fueran decidió salir para demostrarles a los agentes migratorios que su esposa estaba viva. La puerta estaba cerrada con un candado, intentó abrirla con una sarta de llaves que estaban colgadas en la pared. Un metal frío tocó su cráneo, la voz de Amaya lo empujó hasta el rincón de la sala. Le obligó a largarse de casa dejando todos sus bienes y lo amenazó con asesinarlo si hacía lo contrario. Sebastián comprendió que jamás debió decirle sobre su muerte, porque la soledad y el dolor la habían convertido en una persona peligrosa. Se fue de la casa si un centavo y repartió su tiempo en el silencio de las playas crepusculares, en el frío de los puentes y en una idónea solución. No podía denunciarla porque ella no existía en esos papeles grises y la única solución que se le ocurrió fue convertirse en un asesino y darle de su propia medicina, en medio de este eslabón encrusijado. Consiguió un arma por medio de uno de sus amigos, lleno de rencor y desesperación corrió a su casa y esperó a que cayera la noche para poder trepar por la ventana.


Amaya se movió de la cama para buscar el lado más frío. Sebastián se asustó y retrocedió lentamente. No podía ir en contra de sus principios, comenzó a dudar de su convicción y cerró los ojos para no sentir la bilis. Izó el arma, mientras entreabría los párpados. Disparó. El sonido de bala retumbó en el cuarto dejando una costra en el aire. El arma cayó junto con el cuerpo de Sebastián y la sangre salpicó las ventanas, dejando un horizonte incierto

viernes, 12 de marzo de 2010

ANECDOTARIO 9


FÁBRICA DE COLORES

Casi ni sentí el viaje, estaba concentrado en los articuentos de Millás, por un momento pensé que me había pasado de paradero hace media hora, pero cuando me fijé bien estaba equivocado y faltaba como cinco cuadras para llegar al emporio comercial de Gamarra. Mi mamá dormía a mi costado, por la posición en la que se encontraba deduje que descansaba placenteramente. Quise no despertarla para irnos hasta el último paradero, mientras yo me devoraba el libro, puesto que en mi casa no podía leerlo ya que el vicio virtual me sumerge en sus aguas. Pero no estaba dispuesto a arriesgarme a correr el peligro de que mi mamá despertará y me diera un coscorrón por mi imprudencia. La liberé de los brazos de Morfeo y bajamos en el paradero que venía.

Mi temor a estos sitios tan concurrido por personas freak me convierte en un paranoico extremista. Guardo mi libro en la bolsa de mi mamá y la abrazo para sentirme más seguro y de paso para que no le roben. Camino mirando a todos lados y siento que me persiguen. No logro saber quién, pero la sensación apócrifa me acelera el corazón.

Pero ya sé que no debo preocuparme por esta obstinada alucinación, por que ya varias veces he experimentado este tipo de experiencias en estos sitios y siempre el aburrimiento ha terminado por vencer a la preocupación. No quiero ser aguafiestas con mi mamá y me contengo. El tiempo transcurre sin piedad y la noche ya comienza a dar sus primeros indicios de existencia. Entramos a una tienda, no le gusta nada . A otra, tampoco. Estoy en plena peregrinación, hasta que por fin encuentra algo y bajamos hasta un sotano que parece el inframundo por que esta demasiado camufaldo. Pero hay buena ropa, me quedo sorprendido con los polos que lucen los maniquis corpulentos, me miro al espejo y me decepciono. Mi madre escoge unas faldas simpáticas y lo pide en color verde. La vendedora busca y le muestra todo un pilote de diez unidades de distintos tonos de verde. Para mí resulta insólito ese acto, en cambio para mi mamá y la negociante resulta un hecho casi cotidiano. Tenemos verde manzana, verde agua, verde loro, verde militar, verde petróleo, verde óleo, verde botella, verde hierba, verde pálido... Ah y aquí también hay un verde viejo - le dice. Pienso que si hay verde viejo también habrá verde bebé, verde puber, verde adolescente, verde adulto, verde maduro y verde senil. La idea me perturba y me pongo a observar la transacción atentamente.

Cuando por fin termina de comprar todo damos unas cuantas vueltas por algunos locales para buscar lana. Antes de llegar al paradero para tomar el bus encontramos una tienda que los vende y entramos. Otra ves quedo sorprendido al ver el catálogo de colores de lana que nos muestra el joven. Hay rojo sangre, rojo tomate, rojo metálico, etc.

En el bus de regreso mientras mi mamá va conversando por celular me pongo a pensar que es un mal negocio estudiar periodismo y que en este mundo tan estético y consumista resulta un negocio redondo crear distintos tonos de colores. Aun así sean iguales puedes usar tus artimañas de negociante para que el comprador termine creyendo que son disimiles. Por mi parte he decidido comenzar a crear distintos matices, para luego aperturar una gran empresa.

Estos son alguno de los colores en los que he pensado: Color Edward Abarca, color Carlo Reátegui, color Rodrigo Jauregui, color Carlos Rosas, color Jireh Pamela, color Diego Abarca, color Kevin Alfaro, color Teresa Quintanilla y hasta color Mario Vargas LLosa, color Julio Cortazar, color Mario Benedetti, color Gabriel García Marquez, color Juan Rulfo, etc, etc. Vaya que si es un buen negocio...