
Texto entregado al taller narrativo de Renato Cisneros
Es cierto, recordar es volver a vivir. Me siento en el sillón- con un café cargado- y en seguida viene a mi mente sus voluminosos cachetes, sus bailes cantinflescos y sus mejores atajadas en los partidos de futbol. No hay duda, añorar es exquisito y tiene sabor a cafeína. Nadie que lo ha visto pichanguear puede negar que Amadeo Aquino a sus treinta y cinco primaveras es un virtuoso de las atajadas, un Benji Price o un Chilaberdt en el arco, pero lo que si puede ponerse en tela de juicio es su paupérrima calidad de enseñanza en el colegio, inaceptable para muchos que enseñe un pseudo profesor, Amadeo nunca había acabado su carrera de docencia matemática ni tenía en su currículo haber acabado alguna profesión. Lo penoso es que no podía ser despedido porque tenía vara, su hermana estaba en planes nupciales con el director del colegio. Lo mejor era ponerlo de entrenador en la selección de futbol, tenía carisma y habilidad. Era sorprendente que con semejantes cachetes tuviera una buena agilidad y volara en el arco como superman.
También se hizo conocido por su muy criticado aspecto diario, parecía un loco de la avenida Abancay, un desgreñado que pide limosnas, un hincha acérrimo de la caspa, la carca, el sarro en los dientes y las camisas sudadas. Una increíble combinación de fetidez.
Siempre decía que al país le hacía falta un presidente divertido, por eso votaría en las próximas elecciones presidenciales por el general Donayre.
La palabra puntualidad se había esfumado de su diccionario, ser un flojonazo sin escrúpulos le había hecho acreedor a los peores comentarios, para lo que él respondía: Lo que me digan ya no me ofiende-con mote incluido-. Nadie lo respetaba salvo cuando estaba en el arco, la gente no podía hacerse la de la vista gorda ante semejante astro. Era evidente que este hombre se había equivocado de oficio, nunca debió tocar una pizarra. Tras duras críticas a su calidad de docencia y elogios como deportista, Amadeo termino por comprender que como profesor era un buen arquero.
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