
POR FAVOR, NO CONFUNDIR
Cuando le digo a la gente que soy escritor me ponen cara de estreñidos. No pareces – me dicen. Es cierto no tengo el prototipo de Borges ni de Gabo. Pero creo que ni la vestimenta, ni la forma de llevar el cabello-por poner un ejemplo- son arquetipos del oficio de escribir. Los prejuiciosos de mis gustos al final terminan por comprender que en realidad yo nací para la literatura. Pero no saben si para bien o para mal. Juro que yo tampoco lo sé.
Generalmente la gente que suele elogiar mis escritos son puros románticos. Si les leo algún vanguardismo de mi parte sonríen sin comprender. A mí me gusta practicar todos los géneros, pero para la poesía soy medio lerdo. Esto si debo confesar y hacer mea culpa de que varias veces he enamorado a las chicas usurpando un poema de Benedetti. Es que el autor de “Primavera con una esquina rota” es demasiado cautivador. Sonrie mujer y toma nota. Táctica y estrategia: Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple/ que un día cualquiera/ no sé cómo ni se con que pretexto/ por fin/ me necesites.
Lo que si les pido a mis amistades es que se remitan a no hacer comentarios sobre un autor literario si es que no saben nada de él. Hace tres semanas me ocurrieron cosas muy decepcionantes. Por intentar caerme bien, algunos son capaces de mencionar infundios sin medida. Cuando conocí por primera vez a Benedetti mediante uno de sus escritos, un vendedor de libros me dijo que Mario era un desalmado que abusaba de su mujer. Por culpa de ese comentario me abstuve de leer a este genio Uruguayo por casi medio año. Hasta que un día lo conocí verdaderamente gracias a mi hermano, y me cambio la vida. Investigué todo sobre él y ahora tengo en mi pequeña biblioteca una sección abarrotada de puros libros suyos. Dentro de uno de mis favoritos esta “Canciones del que no canta” y me gustaría entregárselo a ese estólido muchacho vendedor para demostrarle que mi escritor predilecto ama a su mujer (Luz) por sobre todas las cosas de este mundo. Incluso más que a la poesía.
En realidad esa anécdota me paso hace dos años. Lo que en verdad quiero contarles es algo más fresco. Esta es una breve selección de lo más reciente de: Por favor, no confundir.
Escena uno. Una joven alta y de sonrisa agradable me comienza a entablar conversación en un café del centro de la ciudad. Me encanta el diseño urbanístico, por eso estudio arquitectura (Una breve pausa) pero de literatura sé poco, dentro de mis pocos autores favoritos esta Cortázar, mi papá tiene toda la biblioteca repleta de sus libros – me dice. Y qué obra te gusta más – le digo, para no dejar un vacío en esta cháchara imprevista-. ¿De Cortázar?- me responde con una pregunta-. Sí claro, afirmo con la cabeza. Espérate, cómo se llama, ah Ensayo Sobre la Ceguera, esa me gusta mucho. (No puedo seguir esta conversación y hago el ademán de recibir una llamada telefónica. Después de un rato le anuncio que tengo que retirarme porque mi mejor amigo se ha accidentado) Dejó la cuenta de mi café y tostadas en la mesa y salgo del local mientras la tarde oscurece.
Escena dos. Un viejito pelado, testarudo y con aires de sabelotodo me está recomendando unos cuantos libros mientras escribe un poema en su libreta azul. Yo lo escucho con interés. Me muestra uno de sus poemas que ha escrito en la primera página de su borrador. Comienzo a leerlo y al iniciar las primeras páginas lo suelto: Yo no sabía que no tenerte…/ Podría ser tan dulce como anunciarte para que vengas/ aunque no vengas. El inicio es igual al de Juan Gelman, es más, lo sigo leyendo y me doy cuenta que es su gemelo. Esta muy bueno, me gustaría seguir leyendo más pero me tengo que ir- le digo. Me paro y me voy alejando del anciano plajero que mira el horizonte como buscando una explicación. Me dan ganas de decirle que lea a Juan Gelman, pero me contengo, no quiero ser tan basura.
Escena tres. Mi prima ha venido a visitarme y ha pasado a mi cuarto. La primera impresión que se lleva – felizmente no es el olor terrorífico de mi habitación- es la imagen de Benedetti que tengo pegada en el espaldar de mi cama. ¿Ese es chespirito no?- me dice señalado al pobre de Benedetti que no puede defenderse ante ese símil. No me molesta que lo comparen con Roberto Gómez Bolaños pues los dos me parecen unos genios extraterrestres. Lo que me causa indignación es que no tengan el recato de abstenerse a comentar si no están seguros de las cosas que dicen. Como es mi prima no puedo hacerle ningún despecho y solo le digo ¿Se parece no?
En fin, no hay que renegar por la falta de claridad de los demás. Confundir es el arte de tergiversar las cosas. Y no hay nada mejor que escucharlas, recordarlas y cagarse de risa.
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